Empiezan
las clases, hoy es martes, estoy muy nerviosa, porque algunos compañeros no son
de fiar, hay muchas asignaturas y mucho trabajo. Además no sé si este año
surgirán muchas peleas y muchos problemas, lo que sí sé es que estos compañeros
me van a traer algún que otro problema. Después de levantarme me tomo la leche,
como siempre con sacarina, con cereales y una tostada. Me pongo la ropa:
Camiseta azul oscura, pantalones negros y una chaqueta negra con un poco de
blanco. Me cojo el almuerzo, un bocadillo de chorizo, otras veces es de
salchichón, otras de jamón y otras un pan piza. Después me lavo los dientes, lo
más cansino siempre y me voy.
Voy a la
clase, siempre voy andando, así mejor, me gusta andar y hacer ejercicio, cuando
no me han llamado el entrenador de baloncesto ni ningún amigo para jugar a algún
deporte es el ejercicio que hago. Ya he llegado, pensar que las vacaciones se
acaban rápido y que se empiezan las clases da un poco de nervios. Todos están
hablando, yo no hablo con nadie, porque ningún amigo mío ha llegado todavía. De
pronto viene Iván.
― Hola
Carmen ― me saluda él.
― Hola Iván
― le digo yo.
― ¿Qué ha
ido el equipo de baloncesto tuyo estas vacaciones? ― Me pregunta él.
― Bien ― le
digo yo ― quedamos cuartos.
― Hay que
darlo todo este nuevo año ― me dice él ― pero quedar cuartos está muy bien.
― Nos
superaron los de bronce ― le digo yo ― por dos puntos.
― Bueno,
no pasa nada ― dice él ― este año seguro que lo haréis mejor.
Entramos a
la clase y el profesor se presenta, nos hace copiar los temas y lo que cuenta
para cada evaluación: Los exámenes, el comportamiento, los trabajos, los
ejercicios… Además nos presentamos cada uno de nosotros, nos levantamos y
decimos nuestro nombre y lo que nos gusta.
Más tarde
en el recreo me voy con Iván y con su grupo de amigos a hablar un rato. Su
grupo lo forma por ejemplo José, el loco de la clase, lo llaman Chuko, porque
es un chulo. A veces da la impresión de no tener cerebro, no sabe lo que hace,
pero sus amigos se ríen mucho con él, también por otro lado solo quiere
gustarle a las chicas y va siempre presumiendo de sus músculos de los brazos y
quitándose la camiseta. Él juega conmigo al balonmano como portero, yo soy central,
razón por la que lo conozco tan bien, aunque casi siempre nos ponen en equipos
opuestos. Salvo en el baloncesto, el único equipo federado, en los deportes nos
ponemos peto, un traje que se pone encima de la ropa para distinguir a los dos
equipos. La verdad es que a un viejo y tan gran amigo como Iván, no le aconsejo
juntarse con Chuko, más que por nada, porque a mí no me cae muy bien, pero a
muchos amigos del equipo de balonmano sí. Suena la alarma y entramos a clase.
Toca
tecnología, una asignatura que no me gusta nada sinceramente, pero algo es
algo. Todo objeto inventado por el hombre suele parecerme de poca utilidad, más
que por nada, porque, aunque las últimas tecnologías como los teléfonos
móviles, los aparatos modernos de televisión y los instrumentos musicales
eléctricos me encantan, en general, la tecnología me cansa.
Más tarde
en el cambio de clase, Chuko me dice que ha hablado por las redes sociales con
los amigos de balonmano y que vamos a ir esta tarde a jugar un rato. Yo le digo
que sí, que tengo ganas de hacerlo, por lo menos me entretengo un poco antes de
que empiece la temporada de baloncesto. Hoy es veinte, así que todavía falta
una semana para el primer entrenamiento de baloncesto. Me gusta el balonmano
porque soy muy ágil con las manos y por mi estatura también uso mucho la
cabeza, así que soy defensa en el fútbol sin embargo en el balonmano me suelen
poner como central, por mis estrategias que busco al hacer pases.
Vuelvo a
mi casa a comer y a hablar con mi familia sobre el primer día de clase, hoy ya
tengo deberes, comprar unos libros de lengua y hacer una portada en la libreta
de tecnología. Para los libros tengo varias semanas aun así, el libro lo
compraré esta tarde, y la portada la haré rápido.
Después de
comer suelo acostarme o tocar un rato la guitarra, lo que estoy haciendo ahora
mismo. Cuando estoy nerviosa por algún motivo me gusta relajarme, llevo ocho
años tocando y componiendo, aunque no tengo una hermosa voz, me entretiene,
relaja y anima. Mucha gente le he compuesto una canción y le he añadido
acordes, pero me da mucha vergüenza enseñarla, el aspecto musical me lo tomo
muy en serio, porque a veces cojo canciones antiguas y les cambio la letra,
algún acorde que no me gusta o les pongo otra combinación de batería. La
batería la toco a veces, pero tampoco tanto como la guitarra, que es para mí el
mejor instrumento del universo.
Me cojo mi
bolso de mi equipo favorito, el que me llevo a todos sitios con mis llaves, mi
teléfono móvil, mis auriculares, mi monedero y en el que siempre sobra espacio
para meter algo más, ya que es bastante grande. Me lo regaló mi cuñada hace
tres años, ella también lo sigue, aunque no le interesa el fútbol tanto como a
nosotros.
Compro los
libros de lengua y los meto en mi bolso, no quiero pensar en que este año
tendré que leerlos, no me gusta leer, prefiero escribir, la verdad, no me gusta
la lectura obligada. Ahora voy a jugar un rato con mis amigos al balonmano, ya
tengo hechos los deberes y la portada, da gusto ahora sacar un poco de energías
deportivamente.
Ya estoy
en la sala de juegos en la que algunos días nos juntamos, aquí se puede jugar
al fútbol y al balonmano, es un poco pequeño, pero me entretengo. El líder, el pivote
que más goles mete, es siempre el que elije cómo van a estar separados los
equipos. A mí me gusta su manera de decidirse y a él le gusta respetar las
opiniones de todos, pero eso sí, respeta poco la de Chuko, porque si dependiera
de él, el chulo del grupo estaría conmigo, la única chica del equipo. Después
de decirnos las colocaciones empezamos a jugar. Empezamos sacando nosotros, los
centrales, están a punto de quitárnosla, pero corremos, se la paso a
nuestro pivote, el segundo máximo
goleador de todos nosotros, el máximo goleador ha querido ponerse en el otro
equipo, el de Chuko. Nuestro pivote tira a la portería, pero nos lo para y se
la pasa de tacón al central, al que en un pase su equipo se la quita, se la
paso al extremo izquierdo de nuestro equipo, el que se la pasa al pivote y le
consigue marcar. Después sacan el equipo opuesto, que nos intenta meter, pero
no puede. Al final de la media hora, que es el tiempo que hacemos en cada
partido, ganamos nosotros 1-0, siempre jugamos poco y si empatamos añadimos
penaltis al final del partido.
Al salir
Chuko va presumiendo del partidazo que ha hecho y se acerca a mí, saca músculos
y dice “toca, toca”. He acabado contenta, pero ya es tarde así que me voy a mi
casa a acostarme, el primer día de clase ha sido bueno con mis compañeros, pero
no me voy a extrañar si durante el curso de ríen muchos de mí.

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