Pasan los
días, nosotros estamos guardando lo ocurrido en secreto. He recibido mi primer
beso con Rubén, algo que me daría mucha vergüenza contar y a él también. No
quiero que se enteren sobre estas cosas y menos Paula, que no sé qué me diría.
De momento estoy intentando dejar lo suyo a un lado, porque él ha demostrado
que no me considera mala persona como los cotillas de la clase dicen, sino
incluso algo más que amiga, pero que no quiere que se entere nadie del beso ni
de su secreto. Veo que la gente mira fuera de la realidad, pero paso de eso,
mientras Paula no me haga nada, estoy tranquila.
Me
encuentro en el patio del instituto, Rubén está con Paula, yo estoy conectada
al teléfono móvil en el patio en el banco que está a su lado, así que
disimuladamente les oigo. Paula está hablando con él sobre si van a quedar esta
tarde, él le dice que tiene que ir a ver una cosa en un partido de baloncesto,
él mío, pero él no le dice cual, le pregunta que dónde jugaran y le dice que en
el estadio al lado del supermercado, él siempre tan sincero.
Por la
tarde tengo un partido, así que me pongo pronto a hacer los deberes, nada más
comer. Tengo deberes de un montón de asignaturas, los hago rápido, el único
alivio es que antes íbamos a jugar a las seis y al final jugamos a las siete.
Más tarde salgo a pasear, porque me sobre tiempo, me encuentro a Paula, que ni
me saluda ni nada, se pone a mirar el cartel del estadio en el que vamos a
jugar y lee en voz alta “Grito al viento” lee la hora “siete” y lee a los
jugadores, entre ellos me menciona a mí, entonces piensa en voz alta “así que
Rubén irá a alabar a Carmen y a su equipo” y suelta una risa malvada.
Después,
antes del partido me acerco a Rubén que me dice que vayamos a por todas, de
pronto se acerca Paula, yo le digo que qué hace aquí y ella dice que iba venir, pero yo sé cuáles son sus intenciones.
Durante el partido se oye alabar al equipo contrario, porque jugamos en su
estadio, Rubén es de los pocos que nos alaba a nosotros, sin embargo Paula, que
está a su lado alaba al equipo contrario y me atrevo a decir que es la que más
chilla. Al final perdemos y ella en la salida a ocultas de él me suelta unas
risas.
Pasan unos
días, Paula le chiva a la clase que hemos perdido, para que se rían de mí. Iván
es el único que me defiende. Le gusta que me enfade y cada vez me hace perder
más la paciencia.
Hoy estoy
en un entrenamiento con Alba y el resto, a la que le cuento lo que está pasando
y me dice que cada vez, si no hago nada lo sentiré con más fuerza. Viene la
presidenta del equipo y viene con Paula.
― Hola
chicas ― dice ella ― os presento a nuestro nuevo fichaje ― todas menos Alba y
yo aplauden.
― ¿Ella? ―
Le pregunto yo con cara de sorprendida
― ¿Por qué
no? ― Me pregunta ella.
― Porque
no tiene ni idea de baloncesto ― le digo yo.
― ¡Va! ―
Dice Paula ― está celosa
― Para
nada ― le digo yo.
― Estoy de
acuerdo con Carmen ― dice Alba.
― Lo
siento ― dice la presidenta ― deberías alegrarte y confiar en ella.
Después
entrenamos con ella. La presidenta quiere tenerla, pero yo la conozco y es una
chica muy femenina, sabe jugar y canasta bastante, pero muchas veces duda y se
queda sin saber qué hacer, además tampoco tiene unas intenciones buenas, lo
hace por ella y por sentirse a gusto, no por el bien del equipo. Me da una
rabia esta mujer, le gusta que los demás se enfaden, está celosa y no quiero
contarle nada porque lo chiva todo el mundo, pero me da mucha rabia.
Al día
siguiente en un partido perdemos y ella se ríe de nosotras, dice que no es su
culpa. Antes no perdíamos casi nunca y por su culpa todavía más. Está trayendo
grandes problemas al equipo, algo que solo Alba y yo podemos ver. La
presidenta, la que elige quién viene y quién se va, eso no depende de mí, pero
ella debe cambiar el chip. Ahora el equipo está más lejos de las chicas al
poder y creo que si seguimos así, vamos a ponernos terceros. Rubén le da un
beso cuando acabamos los partidos y viene a ver también los entrenamientos para
que ella presuma delante de él.
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